Artistas Revista

Riera i Aragó – Diálogo con el horizonte

riera-i-arago-2Para Josep Maria Riera i Aragó (Barcelona, 1954) el principio de la década de los 80 fue un momento de inflexión en su obra. Pasó de pintar figurativo a desarrollar un lenguaje propio y singular. A ello le ayudó un proyecto muy personal. Del 7 de marzo del 81 al 7 de marzo del 82 realizó, sobre recortes de papel de estraza del herbario de su
abuelo farmacéutico, un diario gráfico de lo que había sucedido cada jornada. Este ejercicio le obligó a sintetizar y, aunque se permitía repetir algunas imágenes, vio como evolucionaban y se obligó a inventar otras nuevas.

MÁQUINAS DE CIELO Y MAR

Su fascinación por el cielo y el mar, inmensos y vírgenes, le llevó a interesarse por el maquinismo y comenzó a
construir máquinas para explorar estos mundos. Desde entonces son una constante en su obra aviones y submarinos, Su fascinación por el cielo y el mar, inmensos y vírgenes, le llevó a interesarse por el maquinismo y comenzó a construir máquinas para explorar estos mundos. Desde entonces son una constante en su obra aviones y submarinos, barcas y zepelines, trazados con formas minimalistas antropomórficas, a las que sumando pocos trazos transforma en vehículos. Cada pieza es un estado de ánimo y a veces se permite que los submarinos se eleven sobre el mar y graviten en el cielo. El submarino surge en épocas de introspección y aislamiento. En cambio el avión se expande, crece. La barca es más ritual, tiene algo sagrado, un desplazamiento lento y poético. Lo que más me gusta de viajar en barca es que no es la máquina la que se mueve, tu estás quieto y es el fondo el que se desplaza. Además la barca normalmente lleva algo, contiene algo, un cofre, una caja… También ha pintado y esculpido islas y paisajes donde sitúa sus máquinas.

ARALES
La desecación del mar de Aral en la década de los sesenta me impresionó mucho, especialmente esas imágenes de enormes buques y petroleros varados en el desierto, pero sobre todo el brutal perjuicio que causó a la población ribereña. Desarrollé un símbolo que es una evolución de la forma de mis aviones, que miran el horizonte preguntándose que ha hecho el hombre para que el mar se esté secando. Son artefactos melancólicos, un poco tristes. Que el mar se retire, que desaparezca, es un hecho muy dramático.

COLORES Y MATERIALES
Me gusta trabajar con colores naturales y cuando utilizo colores vivos son como acentos. Primero apliqué el color en la escultura como potenciador, en la pintura salió más tarde. A partir del año 85, decidí trabajar con materiales diferentes, pintaba con resinas, yeso o con productos en los que propiamente no había color y, para las esculturas, compraba el material en los desguaces de barcos, utilizaba planchas de hierro oxidadas o recicladas; me daban el fondo y la nota de color que necesitaba. Acaba apareciendo la memoria de lo que han sido. Los materiales terminan su vida útil y empiezan otra insospechada. El cobre de alguna de sus esculturas fue parte del tejado de la Catedral de Gante y varias más salieron del remolcador Montserrat, de restos comprados en el puerto de Barcelona.
Para mí el soporte también es fundamental en la pintura. La tela y el papel en blanco no me motivan, para que se produzca la chispa necesito empezar a dialogar con algo que ya esté, que lo que tengo delante me transmita algo. Es a partir de este diálogo con la materia como se acaba originando la obra.

ACUMULACIONES
riera-i-arago-1En sus exposiciones son frecuentes las acumulaciones, bien de obra seriada a partir de moldes y que en su multiplicidad acaban formando una sola pieza, o las que expuso en el Museo de Céret o en el de Le Havre, donde en una larga mesa frente a un inmenso y luminoso ventanal reunió ciento once pequeñas esculturas de aviones diferentes. Colocarlas en sí mismo ya es un juego. Se establece un diálogo entre ellas.

EMPORDÀ
Hace veintiocho años, un amigo que sabía que tenía un ojo puesto en el Empordà les habló a su mujer Pilar y a él de una casa en Ruimors. Desde entonces no han dejado de pasar en ella largas temporadas. Para él este ir y venir de Barcelona a Riumors siempre ha sido el nutriente, además de la toma de distancia. Igual que cuando pintas necesitas alejarte unos pasos de la obra, necesito alejarme del taller para coger perspectiva y vaciar. Aquí se calman las aguas y se deposita lo que hace falta y lo que no. Por eso en Ruimors no tiene taller. Visita constantemente el mar y pasea mucho. También se ocupa del jardín. Hay un paralelismo entre la parte artesanal del arte y la jardinería. Miró decía que la pintura había que ejercerla como quien cuida un huerto, hay que hacerlo cada día.

Aquí vivo mis obsesiones de siempre, el mar y el cielo, los tengo muy cerca. En Barcelona es muy difícil acceder al cielo pues siempre está entre casas. En el Empordà las noches son maravillosas cuando hace tramontana, y esas playas inmensas siempre te aportan cosas. Es cuando estableces tu diálogo con los colores del mar, que es algo que me ha fascinado siempre, el cambio de colores, las luces… Todo esto sale en la obra porque lo tienes en la retina, lo
grabas y acaba apareciendo esa franja de horizonte.

Texto: Teresa Casanovas

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