Artistas Revista

Jordi Gich – Resiguiendo las trazas clásicas

© Claudi Valentí

Nos encontramos con Jordi Gich en su espacio de creación, un estudio en plena naturaleza, anexado a una granja cerca de Banyoles y con un puñado de músicos como vecinos que, como él, han transformado unas antiguas cuadras en locales de ensayo. No necesita wi-fi ni otras distracciones digitales, tan sólo sus herramientas, una pequeña cocina y una radio con buena música. Aquí se pasa todo el día, haciendo un trabajo metódico.
Mi padre era ebanista y tenía un pequeño taller en casa. El hecho de ver herramientas y materiales me daba ganas de tocarlas y jugar con ellas. Y como que de pequeño no me dejaban tocarlas, pues todavía me venían más ganas. También tengo familia que viene del sector de la cerámica, y cuando íbamos a ver a la abuela, en Serra de Daró, los primos jugábamos con el barro “.
Cuando Jordi Gich terminó el bachillerato y dejó atrás Llafranc para ir a estudiar a la Escuela de Arte de Olot aún no sabía que acabaría haciendo escultura. Tenía claro que quería orientar sus estudios hacia una rama artística y, después de un primer curso de diseño gráfico, cuando ya se creó la rama de escultura en la escuela, se decidió y seguro que se acordó de esos recuerdos de infancia. Hace ya más de 10 años que desarrolla un estilo escultórico muy particular: una especie de bustos clásicos 2.0 que va vaciando por dejar únicamente una especie de mapas tridimensionales del cuerpo femenino. 
Unas arquitecturas frágiles e inspiradoras que juegan con las sombras y crean sensaciones de ligereza minimalista y perfección. Dice no saber por qué lo hace, prefiere continuar investigando y trabajando. Su inspiración es sin duda el cuerpo femenino, concretamente los bustos de la escultura clásica. Y, tal y como lo hicieron los artistas renacentistas con la pureza blanca del mármol, él también se hace suya esa estética como una herencia idealizada. 
Si hay una palabra que me ayuda a ligar la Mi obra es “trazas”, en el sentido de restos. Porque el tipo de piezas que hago lo planteo desde un inicio a partir de tallas de madera que imitan las esculturas griegas o romanas con la posición del contrapposto. A nosotros la imagen de las esculturas clásicas nos ha llegado erosionada, porque les faltaba la cabeza o estaban rotas. Para mí la inspiración ya no es la mujer, sino la escultura clásica tal y como nos ha llegado a nosotros, que hemos desarrollado un gusto por el resto y la traza. Probablemente estas esculturas clásicas estaban policromadas y seguramente no nos gustarían tal y como eran. Nos gusta lo desgastado, lo roto, lo agrietado… Se trata de buscar las preguntas clásicas que se hace el hombre: que ha pasado aquí, de donde viene esto, qué hago, hacia donde voy. Busco una posición muy igual, buscando un entramado en la pieza que tenga un juego interior-exterior y que haga que el espectador pueda entrar y salir. Perderse en este entramado para ver lo volátil que es la vida: ahora estamos y ahora no estamos. Me gusta la idea de una figura que se está haciendo o que está desapareciendo. Un movimiento que, como en nuestro cuerpo o en la vida, siempre pasa, una posición de quietud que no existe “.
Si bien algunas de sus obras son de metal, la madera es el material con el que se siente más cómodo, pues así no es necesario que la pieza salga del estudio, tiene control de todo el proceso y la encuentra muy cerca, sobre todo de nogal, almendro o almez. Maderas que deja secar durante unos dos años para luego estudiar sus grietas y preparar un busto que transformará con maceta y gubia.
Es como si un dibujante se hace primero el papel para luego dibujar. A partir del formato que me he creado hago el segundo paso: hacer que lo que he hecho desaparezca y vuelva a aparecer en la mente de el espectador, si él quiere jugar, porque ya estaba. No es obligatorio que se vea un cuerpo femenino, para mí también es un juego arquitectónico y de entramados”. Tras el éxito de las dos exposiciones individuales del año pasado en Sitges y en la Fundación Valvi de Girona, del 28 de septiembre al 4 de novembre de 2018 se podrá ver su obra a una exposición en el Castell de Revardit de Palol, y del 9 de junio al 25 de noviembre en la colectiva Premio escultura 2018 en el Museo Can Mario de Palafrugell, así como otra en junio en el marco de los Premios ArtsFAD en Barcelona. 

© Claudi Valentí


 

 

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