Artistas Revista

Hiroshi Kitamura – La naturaleza como punto de partida

No fue la cultura ni la curiosidad ni la diversidad que separa Oriente de Occidente lo que llevó hace treinta años a Hiroshi Kitamura a dejar su Japón natal para trasladarse a Europa. Fascinado desde niño por los materiales, formas y expresiones que forman parte del hábitat que nos rodea, necesitaba comprender cómo nuestra cultura vivía tan de espaldas a la naturaleza o, dicho de otra forma, del origen de todo. “Para mí es en el origen del mundo donde se encuentra el origen del arte. Y en una civilización con tanta historia como la occidental había algo que no encajaba. Fue un viaje iniciático con el único fin de encontrar una respuesta”.Tras estudiar Arte en Sapporo, fue en la escultura orgánica donde Kitamura encontró su medio de expresión. Siguiendo este camino se trasladó primero a Suiza, donde no pudo hallar respuestas en una sociedad volcada en las finanzas. De forma casual surgió una visita a Barcelona. Descubrió el arte orgánico de Gaudí, la expresión mediterránea de Miró y el dinamismo de Picasso. Unos años más tarde decidió profundizar en la expresión espiritual primitiva y recorrió gran parte de España en busca de los vesti  gios de la pintura rupestre. Visitó cuevas, barrancos, lugares en los que no llega la luz, impregnándose del trazo naíf hecho de memoria, a veces con carbón, otras con pigmentos, casi siempre en lugares con poca luz y que reflejaban la vida de la más antigua forma de manifestación artística. “Actualmente Occidente no vive acorde con la naturaleza, está lejos de ella. Un pequeño ejemplo: calzan tacones. Esto dice mucho de su afán de aislarse de la tierra. Sin embargo, hay otras cosas fascinantes. Viniendo de una sociedad como la japonesa, tan organizada, me sorprendió que aquí fuera al revés. El hombre está por encima de la sociedad. Interesante.”En el 2012 se instaló junto con su compañera Marta en Camallera, un pequeño pueblo del Empordà. Su último recorrido en busca de las raíces del mundo rural. “Necesitaba sentirme parte de la naturaleza, aunque fuera una pequeña parte. Me gusta el Alt Empordà. Su paisaje es amable y despejado. La vida es tranquila y sus gentes se dedican con orgullo a la agricultura. Algo atractivo, vivo o muerto, te espera en cada bosque, en un sendero, en la corteza de un árbol o en el agua de un riachuelo”. De esta forma Kitamura inició otra forma de diálogo con el mundo vegetal, encontrando el material que buscaba para sus esculturas orgánicas. Su obra es un camino de ida y vuelta, siempre en busca de las huellas que la naturaleza va creando, día a día, estación a estación. “Existe inteligencia y sensibilidad en el ecosistema de la naturaleza. Ella resuelve por si misma las dificultades a las que se enfrente, la lluvia, la tormenta, el viento…”. Para sus esculturas Kitamura se nutre de lo que encuentra en sus paseos diarios. Rescata de una tala, un temporal o una fogata lo que los demás desechan, consiguiendo que, tras pasar por sus manos, adquieran una nueva vida, más allá de la forma. Nunca sabe lo que encontrará porque “Son los materiales los que me encuentran a mí. Los bosques están llenos de vida. Me acerco a los materiales rotos, podridos, húmedos. Frente a ti siempre hay elementos -troncos, ramas, piedras, musgo…- con los que, como en el Ikebana, pue-do transformar en una composición que finalmente tenga el lugar que ocupa en el espacio. Los huecos o vacíos que deja son elementos fundamentales en la percepción global”. A estos elementos aparentemente sin interés Kitamura les transmite una nueva vida. Crea una escultura en armonía con el universo, formas orgánicas curvas, entrelazadas, retorcidas o simplemente ondeantes que tiene algo muy especial: les otorga continuidad dentro de una dimensión ilimitada, íntegra.Confiesa, sin embargo, que en cierto sentido la esencia japonesa está cada vez más presente en su vida, en su pensamiento y proceso. Se levanta temprano y necesita lo que él llama el rito del silencio. Pasa dos o tres horas reflexionando, sin hablar. Necesita su espacio para pensar. Escribe poemas, dibuja esquemas y toca con el shakuhachi, una flauta japonesa, música de los monjes budistas. Es la forma de encontrar equilibrio entre su vida actual y sus raíces. “Mi origen es budista y sintoísta, pero es en el animismo en el que encuentro el equilibrio de mi pensamiento y lo traslado al objeto que voy a crear. Cualquier elemento del mundo natural está dotado de alma y por lo tanto de consciencia propia. Mi único trabajo es destaparla como tal”.Llegado a este punto surge la pregunta de si podría Kitamura volver a vivir en Japón, qué le ha aportado Occidente y si ha encontrado la respuesta que buscaba. “¿Volver a Japón? No! Ha cambiado mucho. Ya no tengo nexo ni afinidad, hay un exceso de disciplina y rigor. En Occidente todo es más caótico, más divertido, y ello te da más libertad para crear. El Empordà nos aporta a Marta y a mí paz. Estamos donde creemos que debemos estar. Y esto aporta armonía con tu entorno y contigo mismo”.

⁂Hiroshi expondrá en Brots (Camallera) del 22-28 de julio y en la Galeria Miquel Alzueta de Barcelona a finales de octubre.

 

 

Texto: Ino Coll

Foto: Nathalie Joly d’Aussy

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