Mi Empordà Revista

Adrià Pujol – El Empordà de los otros

El país en el que nací es inhóspito en invierno y manicomial en verano. El otoño lo apacigua y la primavera lo convierte en uno de los lugares más bellos del mundo. Quizá es por eso que los ampurdaneses somos o parecemos cuadripolares. Pasamos de la marchitez más profunda al histrionismo más puntiagudo, de la melancolía negra al sensualismo exacerbado –no hay por donde pillarnos.
Mi Empordà también es el Empordà de los otros. Una peripecia que viene de lejos dice que los otros, los que veranean estando de paso o los que tienen casa, éstos se lo han hecho suyo. Hay algo cierto en esta afirmación. Pero también esconde un efecto óptico. Cuando empieza el buen tiempo el Empordà se satura de ocasionales. Legión curiosa. Una buena parte se baña, zampa a todas horas y forma colas endiabladas de coches en las entradas de los pueblecitos más pintorescos. La otra parte trabaja para ellos. Y entremedio el ampurdanés pierde un poco el norte. La masificación humana lo arrastra a una especie de catatonia temporal, algo embobada, un poco enervada.
El ocasional paradigmático aparece entre julio y agosto. Dispone de unos quince días para ponerse moreno y para tener lo que ahora llaman experiencias. Exhausto, con la piel a punto de decir basta, entre horas pide platos de pescado en Calella y en Aiguablava, compra cerámica en La Bisbal, alpargatas en Cadaqués y recuit en Fonteta, aniquila los bolsillos en los festivales (Cap Roig, Vilabertran, Peralada, etc), sale mosquiteado de los Aiguamolls y, de propina, adquiere los vinos de la imparable D.O. de nuestra tierra. Vuelve a casa hecho un cromo, y hasta el año que viene.
En cambio, el ocasional clarividente –clarividente porque tiene posibles, o porque simplemente lo es–, éste suele venir todo el año, y a poder ser entre semana, menos en verano. Discreto, astuto, sabe dónde se cocina sin pretensiones, conoce los rincones poco llamativos, no sube fotos a Instagram y sale con una panda de indígenas que hacen que se sienta como en casa.

Judit Pujadó

Adrià Pujol i Cruells

Adrià Pujol i Cruells es antropólogo y escritor. Ha publicado diversos libros sobre su país. “Escafarlata d’Empordà” (2011), “Guia sentimental de l’Empordanet” (2016) y “La carpeta és blava” (2017). Actualmente trabaja en el Inventario del Patrimonio Inmaterial de las Gavarras.

 

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