Empordaguia


Santi Vila: Mayor of Figueres

santivila-11
santivila-segunda
santivila_ingles-2

Parece muy buen chico, es simpático y entusiasta, sabe demostrar mala leche si hace falta, y tiene futuro como persona y como político. Lo rodea una aura de heterodoxia y es un apasionado.

Nacido en Figueres hace treinta y siete años, estudió primero a La Salle y, después, Letras en la Universidad de Girona e hizo el doctorado de Historia Contemporánea en la Autónoma. En Roma pasó un año entero removiendo los archivos secretos del Vaticano, a la caza de documentación sobre la influencia de la Iglesia en el catalanismo de finales del siglo XIX. Entonces ya había descubierto los valores del compromiso social con el entorno y con el bienestar de la gente gracias a los campamentos y a su tarea de monitor de tiempo libre para jóvenes en actividades arqueológicas.
Cuando tenía veintiséis años, Maria Àngels Perxas, de la farmacia de la Rambla, lo sacó del mundo de la enseñanza para incluirlo en las listas municipales de CiU de Figueres. Fue así como se convirtió en el enfant terrible del Ayuntamiento figuerense. Años después, Artur Mas le propuso encabezar la lista de CiU en la capital de la Alt Empordà, y ganó. Sorpresa: se le planteaba un reto fabuloso.
Con ocho meses de ser alcalde, conseguí una partida presupuestaria que había sido imposible de obtener hasta entonces y se resolvió una asignatura pendiente desde hacía años: diez millones de euros en cuatro años para la rehabilitación del casco antiguo de la ciudad.
Santi Vila mira hacia el techo del restaurante mientras come con una mezcla de satisfacción y estrés. No me atrevo a pedirle —las competencias no las tiene él, sino el consejero Nadal— por el traslado de la estación de tren al extrarradio ni por el absurdo trazado de la carretera entre Verges y Vilacolum, que ha destruido una parte de las mejores tierras de cultivo de la llanura ampurdanesa.
Y de los molinos de más de cien ochenta metros que la Generalitat quiere esparcir por toda la llanura, qué piensas?
No podemos permitir de ninguna forma que todo el territorio quede minado no solamente de molinos, sino también por la red de infraestructuras que permite hacer la evacuación. Me opongo rotundamente a una extensión difusa de los molinos por toda la comarca. Los molinos se tienen que instalar al corredor de infraestructuras que hay entre la Nacional II y la autopista.
Hablamos de la tramuntana y le digo que es un viento poco apropiado para la energía eólica: sopla a rachas y con golpes demasiado fuertes, con lo cual las aspas pueden salir volando como obuses y hacer daño a la población, como ya ha pasado en algunos lugares de Inglaterra. Y cuando se tengan que sacar, no queda claro quién pagará el desmantelamiento, que será imposible de asumir para los ayuntamientos. // PEPE RIBAS FOTOS ANDREA FERRÉS


Others