Empordaguia


MASÍA LA PALMA

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Una antigua masía convertida en un delicioso y encantador hotel, un reducto de paz en pleno campo, ideal para desconectar del mundanal ruido y asomarse a la intimidad y el sosiego del Alt Empordà más agreste y auténtico. Poco a poco, con buen paso y mucho cariño, Mª Antonia Llovera ha hecho realidad su soñado hotel restaurante Sa Poma, en el que hasta el mínimo detalle se ha cuidado al máximo.

 

De la agencia de viajes a acoger en su casa a los visitantes, es el paso que ha dado Tona. Junto al pequeño pueblo de Espinavessa, en el veinat de La Palma, encontraron el lugar ideal. Cuando la compraron, hace ya muchos años, la casa se encontraba en muy mal estado, pero  poco a poco, piedra a piedra, han conseguido que sus trescientos lustros brillen ahora con nuevo esplendor. Desde un principio se plantearon ir despacio para hacerlo lo mejor posible. Sabemos muy bien lo que quieren y buscan los turistas europeos, nos explica Tona, trabajar con ellos muchos años y oír sus quejas y alabanzas orienta mucho. Y como son exigentes en la calidad y en los servicios, lo hemos tenido muy en cuenta. Durante unos años habilitaron la masía cómo casa de colonias, mientras ahorraban e iban pensando como sería su hotel. Y ahora finalmente han abierto las puertas de este atractivo espacio que acoge hotel y el Restaurante Sa Poma, cuyo nombre fue puesto en recuerdo a su descendencia mallorquina.

En la masía todo está a punto para que la estancia sea lo más grata posible: confortables salas, biblioteca, porches soleados… todo invita al relax. En sus ocho habitaciones, bautizadas con nombres de plantas y árboles, se disfruta de una decoración muy cuidada y el paisaje verde y ondulado del  Alt Empordà se cuela por todas sus ventanas. Alrededor, jardines, piscinas y campo, mucho campo. Un poco aislado, han habilitado el pequeño apartamento “Can Fernando”, con una habitación cuádruple, otra doble, un baño y una sala con salida directa al jardín. Y más allá, el “bar de la confianza”, un acogedor espacio donde los clientes, como si de su casa se tratara, se sirven libremente las bebidas y tentempiés que ellos mismos anotan. En la zona de relax, sauna, jacuzzi, bicicleta estática, etc, frente a  una bella panorámica del paisaje ampurdanés. Y como remate final, el restaurante, feudo de Tona y su hijo Josep, alumno de la escuela de hostelería de Girona, donde elaboran una interesante cocina de mercado con productos de la temporada y siempre con un toque personal que se agradece. En la carta, platos muy variados, desde una fideuá a el civet de jabalí, el trinxat de la Cerdanya o el solicitadísimo remenat del Pep, uno de sus platos estrella, hasta unos postres caseros de los que ya no se encuentran.

Y para los que además quieren hacer deporte o conocer la región, ofrecen una amplia gama de posibilidades: excursiones a pie por el maravilloso entorno, pacíficos paseos en bicicleta, practicar en una hípica cercana... y desde luego, descubrir la cercana ciudad de Figueres. La vuelta al cálido refugio, con sus amplios y relajantes espacios, su buena cocina y el trato cercano de los anfitriones, hará de la estancia un recuerdo inolvidable.// CARMINA VILASECA FOTOS ANDREA FERRÉS



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